quarta-feira, 18 de março de 2009

Inercia

Si me quieres, hay que ser por completo. Esas fueron las últimas palabras de Laura antes que la puerta hiciera su fuerte sonido. LLena de lágrimas, su última acción fue mirar, una vez más - y había dicho a si misma que no lo haría de nuevo - a la ventana del dormitorio de Gustavo. Le restaba todavía la esperanza de que él le buscara y le pidiera que volviera a casa.
Gustavo, por otro lado, se quedó inmóvil en su cama. Lloraba también, pero no podía hacer otra cosa. Había dado un fín a su relación porque sentía que permanecer al lado de Laura haría con que el gran amor que tenía por ella se terminara por completo. No estaba seguro de sus sentimientos y no quería causarle a Laura un sufrimiento mayor.
Ella le dije que todavía podrían salvar al matrimonio. Pero él estaba muy desorientado para seguir con algo que le parecía arruinado. ¿Si la quería? Ni mismo Gustavo sabería decirlo. Por eso se quedaba paralisado. Mejor perderla que quedarse con ella y hacerla sufrir. Tal ves un día volvieran, si Laura lo quisiera todavía. Tal ves no, y él percibiera que había perdido el gran amor de su vida.
Ahora, necesitaba quedarse solo. Antes de cualquier cosa debería dar atención a sus pensamientos. Salir del laberinto en que se había metido. Sin luz, sin amor, sin la presencia astral de cualquier entidad. En la solitud de su habitación, Gustavo reflexionaba acerca de su maldita - y constante - inercia.

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